Consumo consciente · Divulgación
5 ingredientes que hay en tu pasta de dientes — y que nadie te dijo que te estabas tragando
Te los llevás a la boca cada mañana y tu familia también. Ninguno está ahí para cuidarte los dientes.
Leés la etiqueta de todo.
Diste vuelta el paquete de galletitas para ver cuánta azúcar tenía. Cambiaste el desodorante cuando te enteraste del aluminio. Mirás los sellos negros. Elegís con cuidado lo que entra a tu casa, porque hace rato entendiste algo que la mayoría todavía no: que lo que te ponés en el cuerpo importa.

Pero hay un producto que probablemente nunca diste vuelta.
Uno que usás dos, tres veces por día. Que te llevás directo a la boca. Que es, de hecho, el único producto de higiene que no se te queda en la piel: entra. Y una parte, por más que enjuagues, siempre se traga.
Tu pasta de dientes.
Hoy vas a leer la etiqueta que nunca leíste. Vamos a ir por cinco de sus ingredientes, uno por uno. Y prestá atención a una sola cosa mientras los repasamos: esto no te lo ponés en el pelo. Te lo llevás a la boca.
1. Lauril sulfato de sodio
Es un detergente.
El mismo tipo de agente espumante que se usa para desengrasar. En tu pasta de dientes está por una sola razón: hacer espuma. No limpia mejor, no cuida nada. Está ahí para que vos sientas que «está funcionando».

Pero hay algo que la industria conoce hace décadas: en mucha gente, el lauril sulfato de sodio es la causa de esas llagas que aparecen en la boca cada dos por tres.
¿Te salen seguido? Puede que nunca hayas sospechado del culpable correcto. Está escrito en el tubo, como «sodium lauryl sulfate» o «SLS».
Y te lo pasás por dentro de la boca, todos los días.
2. Dióxido de titanio
Es lo que le da a tu pasta ese blanco intenso, tan «limpio».
En 2022, la Unión Europea lo prohibió como aditivo en los alimentos. Dejó de considerarse seguro para ingerir. Lo sacaron de tu comida.
Y sin embargo, sigue ahí, en algo que te llevás a la boca dos o tres veces por día. Escupido, sí. Pero una parte, siempre, se traga.
Un ingrediente que ya no es lo bastante seguro para tu comida… sigue siendo perfectamente normal en tu boca.
3. Colorantes artificiales
Azul brillante. Rojo. Verde.
Detenete un segundo y pensalo de verdad: ¿por qué algo que vas a escupir necesita tener color?
No es para tus dientes. Los dientes no se benefician en nada de que la pasta sea azul. El color está ahí por una sola razón: para que a vos te parezca más limpio, más «fresco», más profesional.
Es puro marketing, metido adentro de tu boca. Y de la de tu familia.
4. Flúor
Dejé el más conocido casi para el final. El que te dijeron toda la vida que era «lo bueno».
No te vengo a resolver ningún debate. Solo datos:

No te digo que sea veneno. Te digo algo más incómodo: es una sustancia que hay que dosificar con cuidado… metida en algo que usás sin medir, tres veces por día, desde que tenés memoria.
5. Y el quinto no es algo que tenga de más. Es lo único importante que le falta.
Hasta acá te hablé de lo que le sobra a tu pasta de dientes.
Pero lo más grave no es lo que le pusieron. Es lo que le sacaron. O mejor dicho: lo que nunca le pusieron, y no te contaron que faltaba.
Tu esmalte —la capa que protege cada diente— está hecho de un solo mineral. Se llama hidroxiapatita. Y todos los días, cada vez que comés algo ácido, un café, un mate, una gaseosa, una parte de ese mineral se disuelve. Tu cuerpo intenta reponerlo con la saliva, pero contra la comida de hoy, no alcanza. Perdés más de lo que reponés.

Tu pasta de dientes limpia la superficie. Pero no te devuelve ese mineral. Ninguna pasta común lo hace. Es como pasarle un trapo a una pared con grietas: la deja brillante, pero la grieta sigue ahí.
El resumen de lo que te venís poniendo en la boca, tres veces por día, durante años: un detergente, un aditivo que sacaron de la comida, colorante para la foto, una sustancia que hay que dosificar… y nada de lo único que tu diente de verdad necesita.
Nadie te lo dijo. Porque el día que lo sabés, dejás de comprar lo que te venden.
Entonces, ¿existe algo mejor?
Si el problema es que te meten cosas que no hacen falta, y no te dan lo único que sí… la solución tendría que ser al revés: sacar todo eso, y poner el mineral que falta.
Ese mineral existe, y es exactamente el mismo del que ya está hecho tu diente: hidroxiapatita. Al ser idéntico, el diente lo reconoce, se mete en esas microfisuras y las rellena desde adentro. No es un invento nuevo de marketing: en Japón es el estándar del cuidado dental hace más de cuarenta años, y en Alemania ya es la alternativa seria al flúor.
El problema es que, en Argentina, hasta ahora no había casi nada. O la pasta del supermercado con todo lo de arriba, o un frasco genérico importado, con la etiqueta en inglés y sin una sola certificación que te diga qué le estás metiendo a tu boca.
Faltaba una opción limpia de verdad. No «natural» de las que dicen mucho y no muestran nada. Una que te mostrara todo.
Por eso hicimos Albora
Albora es la primera pasta de dientes en tabletas con hidroxiapatita hecha en Argentina — pensada para las personas que leen la etiqueta antes de comprar.
No te pedimos que confíes. Te mostramos.
Lo que NO tiene
- Sin flúor.
- Sin lauril sulfato de sodio (el detergente de las llagas).
- Sin dióxido de titanio.
- Sin colorantes ni saborizantes artificiales.
- Sin conservantes.
- Sin plástico.
Lo que SÍ tiene
- Hidroxiapatita: el mismo mineral del que está hecho tu esmalte.
- Ingredientes de grado alimentario, los mismos aprobados en el Código Alimentario Argentino. Cada uno explicado, uno por uno.
- Una fórmula tan limpia que, si un chico se traga una tableta, no pasa nada. Probá decir lo mismo de tu pasta actual: mirá la advertencia del tubo.
Y algo que ninguna otra hace
- Cada lote se analiza para metales pesados en un laboratorio independiente, y el certificado está publicado. Porque lo «natural» mal hecho puede tener plomo o cadmio, y vos tenés derecho a ver la prueba, no a que te la prometan.

Con registro ANMAT. Hecha acá. Con todo a la vista.

Probala sin arriesgar nada
Cambiar la pasta que usás hace veinte años es un salto de fe. Por eso el riesgo lo ponemos nosotros:
Probá Albora durante 30 días. Si al terminar no te sentís más tranquila con lo que te ponés en la boca —y le ponés a tu familia— escribinos y te devolvemos hasta el último peso. Sin preguntas.
Vos solo tenés que animarte a dar el primer paso.
★★★★★«Es la primera marca que me muestra todo: cada ingrediente explicado y el análisis del lote publicado. Así sí.»
Valeria M.
★★★★★«La primera pasta que le doy a mis hijos sin dudar. Si tragan un poquito, no pasa nada.»
Sofía R.
★★★★★«Pensé que iba a extrañar la de siempre. Sabor rico, boca limpia — no la extraño para nada.»
Carla B.
Ya sabés qué mirar
Cambiaste la comida. El desodorante. Quizás la crema.
Faltaba lo único que te ponés adentro de la boca, tres veces por día, todos los días de tu vida. Y que hasta hoy nunca habías dado vuelta a leer.
Ya sabés qué mirar. Y una vez que lo sabés, ya no podés no saberlo.

P.D. Si después de leer esto no comprás nada, está bien. Pero hacé una sola cosa: la próxima vez que estés por comprar pasta de dientes, dala vuelta y leé la parte de atrás. Buscá el lauril sulfato de sodio, el dióxido de titanio, los colorantes, la advertencia de «no ingerir». Con que empieces a leer la etiqueta de lo único que se te absorbe directo, este artículo ya valió la pena.